Me presento

Mi nombre es Fernando, pero…

…muchos me conocieron como “Gandalf”, el personaje de J.R.R. Tolkien. Tengo amistades que continúan llamándome así, a pesar de que las razones para hacerlo desaparecieron hace ya varios años. Y hay pocos, muy pocos, que simplemente me llaman “mago”, o “mago gris”. A ellos les agradezco el nombre del presente espacio, que quiero que refleje todo el contenido de mi baúl personal: literatura, música, vivencias, gustos, opiniones; todo aquello que hace de mí quien soy. Es cuanto deseo para el blog de magogris.com

Camino de palabras

También, como verán, deseo compartir el espacio con algunas personas que, como yo, gustan de expresarse mediante la escritura.

Irán sumándose, como desde este nuevo inicio lo hace Héctor Osoriolugo. Más adelante él mismo se presentará.

Pero también es necesario hablar de trabajo. Soy Técnico Programador de Computadoras; hice mi carrera a nivel técnico porque, por diversos motivos, entonces no me fue posible terminar el bachillerato y, por tanto, no tuve nunca acceso a estudios universitarios.

Yo en la ventana

Un poco por cursos, un poco por curiosidad autodidacta y un poco por el mismo trabajo, fui aprendiendo cada vez más lenguajes de programación y tecnologías que me permitieron realizar sistemas y sitios para clientes (míos y de otros), adquiriendo así conocimientos que apliqué en mi vida laboral.

Un viaje de 9 años a Italia me condujo a aperender el idioma, pero detuvo un poco mi natural aprendizaje en cuanto a Sistemas se refiere, por lo que me dediqué exclusivamente a la realización de sitios.

Como dije antes, no comienzo solo.

Héctor Osoriolugo

A todo hombre que avanza, el guardián del templo sagrado debe hacer estas preguntas: “¿eres de los que crean con las palabras o de los que solo repiten los nombres?” Si el hombre vacila o se turba un instante sigue tu camino: ese hombre no merece entrar en los lugares santos. Pero… si en el rumor más humilde cree recordar haber mirado acaso una lágrima o una flor, entonces detente, escúchale, síguele: a ese hombre de seguro te lo envía algún Dios… que necesita ser escuchado de manera nueva.”

Maurice Maeterlinck.

Tengo enfrente un problema doble: la temible página en blanco, y hablar de mí, escribir mi perfil. Nada de esto es fácil para el escritor.

Participo en esta nueva revista electrónica por invitación de Fernando N. Acevedo. Es la segunda que me hace. Su anterior propuesta dio lugar a mi carrera frente al teclado que ha cumplido 12 años, con el ingrediente de ser una ocupación que se convirtió en el centro de mi vida. Es decir que su iniciativa fue vocacional. Y como la vocación es el llamado a un camino de realización de la vida, entonces se tornó bendición, pues el que se realiza con lo que hace es feliz, es bendito. Así que, nuevamente: gracias, Fer.

Ya que di las gracias al inspirador, renace en mí lo que desde entonces vengo diciendo: gracias a todos ustedes quienes me han leído, una y mil veces gracias. ¿Y, acerca de qué estudié?: de varias materias, pero fíjense que no gran cosa si nos ponemos a ver que hoy por donde quiera hay doctorados y postdoctorados, y qué bueno que así sea; yo no tengo ni de lejos esos niveles. ¿A qué me he dedicado?: si gustan, un paseo por la red les proveerá tanto de artículos como de experiencias que he hecho públicas. Es decir, consideré que no era el caso enlistarlas ahora.

Hasta aquí… ¿ya ven ustedes por qué se me dificultan mis perfiles?: porque van a representar la lectura de algo que solo es de interés para el que lo vivió.

Procedo, entonces, a decirles las líneas de escritura que van a encontrarse (sí ambiciosas, pero no, ya que son solo de divulgación): hechos históricos (y otros que no hicieron historia, sin embargo son interesantes, tal vez asombrosos); vidas (al menos pequeñas cápsulas que se aprovecha para insertar con ocasión de la obra del personaje); literatura; música; religión; uso de nuestro lenguaje, pues puedo decir con Neruda que “amo tanto las palabras”.

Esos temas los abordo con dos características que trato de sostener en todo momento: brevedad y claridad; y esta porque junto con el sacerdote, poeta y ecologista Ernesto Cardenal opino que siempre debe uno ocupar palabras que todo el mundo entienda.

Finalizo con lo que debí empezar: una disculpa si es que la parte final de la cita (la retomé por nostalgia, pues me remite a mi adolescencia, y me deslumbra desde entonces hasta este momento en que –media centuria después– la cito de memoria)  que preside estas letras hace pensar en alguna presunción, les aseguro que no hay tal.

hectorosoriolugo2013@yahoo.com.mx

Héctor Osoriolugo