Héctor Osoriolugo
Fiel a la creencia de que es válido y pertinente revisar la forma en que usamos nuestro español, vayan aquí algunos casos…
“Fulana de tal toma protesta como gobernadora interina”, gran barbarismo
A la acción de una persona de protestar a un cargo se le llama “rendir”, nunca “tomar”. Ahora que si de tomar se trata, existe ese caso en el ejemplo del subtítulo, donde el presidente de la Cámara de Diputados toma, en efecto, la protesta que convierte a una persona en titular de un cierto cargo. Por consiguiente, abrumadoramente se usa ahí “tomar” en un lado distinto de donde recae.
Alguna mente quisquillosa puede objetar ese rendirse de toda una autoridad que está, precisamente, tomando posesión, lo cual debería indicar poderío, no humildad: pues no. Hay un simbolismo superior: el que rinde protesta se somete ante la autoridad, pero la del pueblo, representada –y únicamente representada– por el presidente del Congreso.
Sí hay un caso en que “rendir” como sometimiento se ve claro: Las fuerzas invasoras se rindieron a la resistencia presentada por los nativos.
Este rico verbo tiene, además, un significado de “producir”: La herencia de su madre ha rendido mucho en manos de Patricio.
También se usa el verbo “rendir” cuando un trabajador informa a un superior jerárquico: le rinde informe.
Las siglas se escriben sin puntos intermedios ni al final
Toda la vida supimos, con una certeza que ha venido perdiendo terreno, que las siglas llevan puntos al interior (O.N.U.; U.N.A.M; I.M.S.S.). Más tarde vimos que como una mala práctica se escribía punto solo al final de un cuerpo de siglas (ONU.; UNAM.; IMSS.). Actualmente no son válidas la primera ni la segunda formas (la segunda realmente nunca lo fue).
Hay que escribir las siglas sin puntos: El Estado de Israel pertenece a la ONU desde 1949; El casco central de la Ciudad Universitaria, Patrimonio de la Humanidad, forma parte de la UNAM; Gobiernos van y Gobiernos vienen y el IMSS sigue igual.
Apellido, aguja; nunca apeído ni aúja
Algunas personas, incluso letradas –ya me ha tocado oírlas— de aquellas que cambian las palabras, omiten una letra y demás fallitas dicen apeído en lugar de apellido, y aúja por aguja, al tiempo que esos dos términos sí los escriben bien. Por otra parte, aunque los vean bien escritos, al leer los pronuncian de la forma señalada. Es un error horrible que bien vale la pena corregir.
Desde luego que dicho esto sin aludir a un apellido, Ahúja, que es plenamente acertado pronunciar como está escrito.
Hasta ahí los casos. En esta como en las veces anteriores que he entrado en la materia, insisto en que nuestro hablar y nuestro escribir son las tarjetas de presentación de nosotros mismos. Por eso, sí que es pertinente y válido rectificar la forma que damos a nuestras voces. ¿No cree usted?
Non plus ultra
Non plus ultra quiere decir “no más allá”, proviene de Non terrae plus ultra, No hay tierra más allá. Es la consigna que, según la mitología, Hércules inscribió en las dos columnas del Estrecho de Gibraltar donde terminaba el mundo (conocido); lo que la historia de la navegación contradijo a la postre.
Asimismo, es el lema de la monarquía española, de España vamos, que se lee en su escudo.
La frase se usa comúnmente para lo perfecto, incluso personalizándola. Y así oímos decir Matías se cree el non plus ultra, equivalente a Matías se cree perfecto. O en su sentido original, para lo territorial, Sus siembras son las non plus ultra. En conclusión, aquel No hay tierra más allá se ha convertido en un De ahí en fuera, no hay más.
Como en las muestras anteriores, tanto para lo singular como para lo plural, se escribe de la misma forma. Asimismo, por ser una frase tomada tal cual de otra lengua, se escribe entre comillas o con letras cursivas.
Ya al inicio apunté que de la leyenda original ha llegado a nosotros una parte, tomada de la consigna aquella; no hay que recortarla más, no decir solo Plus ultra.