The cat inside y Berenice

The cat inside y Berenice

Fernando N. Acevedo

Sé que ha habido grandes escritores que tienen o tuvieron preferencia por los gatos como mascotas. Por ejemplo, Colette (Saha), Lord Byron (Beppo), Emily Dickinson (Carlo), Charles Dickens (Williamina y su hijo Master’s Cat), Edgar Allan Poe (Catarina), Jorge Luis Borges (Beppo, en honor al gato de Lord Byron), Ernest Hemingway (Boise, entre otros), Jack Kerouac (Tike), Julio Cortázar (Theodor W. Adorno), Jean-Paul Sartre (Nada), Alejandro Jodorowsky (Kazan), Carlos Monsiváis (Miss Oginia, entre otros) y Elena Poniatowska (Monsi y Vais). Pero quiero hablar brevemente de dos escritores que descubrieron en el gato no sólo compañía, sino también inspiración.

Hace quince años soñé con haber capturado con la caña de pescar a un gato blanco. Por alguna razón estaba por devolverlo, mas se frotaba contra mí, maullando piadosamente.
Desde que adopté a Ruski los sueños con gatos son vívidos y frecuentes. Continuamente sueño que Ruski brincó sobre mi cama. Naturalmente, a veces es así; en cuanto a Fletch, él siempre viene, salta sobre la cama y se frota contra mí, ronroneando tan fuerte como para no dejarme dormir.[1]

Lo anterior lo escribe William S. Burroughs en su libro The Cat Inside (El gato interior), novela autobiográfica en la que el autor rememora la gran cantidad de gatos que albergó. El libro tuvo una primera impresión que constaba únicamente de 133 copias, aunque después se reimprimió con un mayor tiraje.

La otra escritora es una de mis poetas preferidas, la argentina Olga Orozco, quien dedicó a su gata Berenice un libro entero de poemas: Cantos a Berenice.

Orozco dijo en algunas entrevistas que seguramente Berenice poseía la magia de los antiguos egipcios, y agregó que era ella quien, a veces, le sugería los poemas. La escritora, conocida por su afición por el esoterismo, lamentó mucho la pérdida de Berenice. Al preguntársele si pensaba sustituirla con otro gato, respondió que podía tener otro animal, incluso de una especie diferente, pero que sustituir a Berenice era imposible:

Aunque se borren todos nuestros rastros al igual que las bujías
en el amanecer
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca,
déjame en el aire la sonrisa.
Tal vez sea ahora tan inmensa como todos mis muertos
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós:
un ojo en Achernar, el otro en Sirio,
las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas,
tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución,
en su Jordán de estrellas.
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz,
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras.
Pero déjame en el aire la sonrisa:
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia,
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón,
una tierna señal que horade una por una las hojas de este
duro calendario de nieve.
Déjame tu sonrisa
a manera de perpetua guardiana,
Berenice.” [2]

Por supuesto que no sólo los escritores se han visto beneficiados con la compañía e inspiración que los gatos han brindado a la humanidad. Los egipcios representaban a una de sus diosas, Bastet, con forma de gato, y la cultura china no se quedó atrás al inmortalizar gatos en esculturas o en obras realizadas en tinta sobre rollos de papel o madera; pintores como El Bosco, Da Vinci, Renoir, Lautrec, Klee y Picasso representaron felinos en sus obras; y qué decir de músicos como Tchaikovsky —que incluyó un diálogo entre dos gatos al final del ballet La bella durmiente— o, mucho más contemporáneos, los integrantes del grupo Checkfield —quienes inmortalizaron el andar del gato en la pieza Conjuring.

Volviendo a los escritores, parece que el consejo que Aldous Huxley dio a un joven que quería iniciarse como tal fue, simplemente, que “tuviera gatos”.

Independencia, belleza, limpieza, estabilidad, elegancia, astucia y agilidad, por mencionar algunas, son características que van de la mano con los gatos y que, seguramente, todo ser humano desearía para sí.


[1] Traducción propia de la versión italiana de Il gatto in noi (Adelphi). [N. del A.]

[2] Poema XVII de Cantos a Berenice, como se publicó en la antología Relámpagos de lo invisible (Fondo de Cultura Económica). [N. del A.]

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